Mis Top 10 Errores de Maquillaje = Tus Top 10 Tips de Maquillaje

errores de maquillajeEs muy probable que yo escribiendo sobre maquillaje desde mi imaginario trono de experta en el tema, les haga tener la percepción de que me las sé todas, que tengo los últimos trucos, los mejores productos y bla bla bla. Nada menos cierto, “au contraire” no sería nada elegante ocultar los tropezones que en este largo camino de la belleza, como todas, también he tenido; porque claro está: nadie nace sabiendo.

Es por eso que quiero compartir con ustedes mis top 10 errores de maquillaje para que puedan convertirlos en sus top 10 tips de maquillaje. Tomen notas nenas!

  1. No hacer un curso de automaquillaje: Por más ágil que seas, por mucho que te aplaudan tus looks, busca un curso de automaquillaje y hazlo. Maquillarse no es difícil, pero tampoco tan fácil como parece. En un curso aprenderás todo (o por lo menos lo básico), sobre la forma de tu cara, tu tipo de piel y cuáles productos usar, tipos de maquillaje para diferentes ocasiones, cómo ocultar o resaltar imperfecciones y atributos, cómo utilizar las brochas o pinceles, además de la teoría del color y muchas otras cosas muy interesantes. De haber hecho uno en mis años mozos, quizás no hubiera estudiado finanzas y hubiera descubierto mi pasión mucho antes.
  2. No cuidar el rostro: Esto parece un cliché, pero qué les puedo decir… al final cuando se empiezan a notar esas líneas de expresión y manchas, producto de la falta de cuido, saldrás corriendo al dermatólogo, te dirá exactamente lo mismo que leíste aquí y tendrás que gastar una fortuna. Así que mi mejor consejo es cuidar el rostro desde ya, llevando una rutina de belleza en donde el limpiador, el tónico, el hidratante y el bloqueador sean tus mejores amigos. Después de todo el secreto para un maquillaje perfecto es un rostro bien cuidado. Yo empecé a cuidarme el rostro cuando cumplí 32, hoy ya con 36 lamento no haber empezado a los 20.
  3. No llevar las cejas bien arregladas: Es en este momento en el que digo “olvídate de la moda!” Las cejas no son un modismo, por el contrario son el marco de la cara y junto con los ojos, considerados espejo del alma, hablan de tu personalidad y tu estado de ánimo. Es por esto que llevar las cejas bien arregladas será un paso importantísimo en el proceso de maquillaje. Mi recomendación es buscar un buen o buena estilista de cejas que te ayude a mantenerlas en forma. PRO Tip: Las cejas se llevan medio tono más claro que tu color de pelo natural. Nunca rojas, o amarillas o negras. Para las víctimas de la moda de los 80’s y 90’s el microblading puede ser una alternativa (recomiendo a los profesionales certificados de PhiBrows).
  4. No probar la base en el mentón: Este es uno de los errores más comunes y con peores resultados y de veras no entiendo por qué probaríamos un producto de la cara en otra parte del cuerpo. Es simple lógica! O acaso te probarías unos zapatos en las manos? No, verdad! Pues igual pasa con la base. No se prueba en el brazo o la muñeca, se prueba en el mentón. De ahí pasamos al próximo error, también relacionado con la base.
  5. No elegir el color de base correcto: Una vez hacemos la prueba de la base en el área correcta la elección será el mismo tono de nuestro cutis. No uno más claro, ni uno más oscuro. Si quieres lucir más bronceada, o tapar alguna imperfección podrás hacerlo utilizando los productos para ello. La base sólo nos ayudará a preparar la piel.
  6. No tener las herramientas adecuadas: Estas herramientas son las brochas o pinceles, no tenerlas sería un grave error (cero motas y esponjitas). Y quiero confesar que mucho antes de soñar que iba a ser maquilladora, solo tenía dos brochas (una mediana y otra pequeña) y con ellas logré hacer un master en metidas de patas de las que ayer me sentía orgullosa (porque claro, yo pensaba que anda hermosa…) y hoy solo me rio. PRO Tip: Recuerda lavar tus brochas y pinceles regularmente.
  7. No comprar productos en las tiendas: Quién no tiene una amiga/ conocida que vende esto o aquello? Y en cuotas! Pero, qué te garantiza que esos productos son originales o que no están vencidos? Acaso sabes cuánto tiempo lleva tu amiga con esos productos en inventario? O la persona a quién ella los compró? Cuando se trata de mi cara, mi organismo o mi cuerpo solo hay una regla: No apuestas! Y no estoy hablando de marcas o de lo más costoso, simplemente de productos fiables y de calidad. La garantía de eso solo te lo da comprarlos en un establecimiento dedicado a su comercialización. Hoy día la gente vende cualquier cosa por otra, lo mejor es no arriesgarse. Por qué nadie me explicó esto antes!
  8. No preparar el rostro para el maquillaje: Nope, no estoy repitiendo el punto #2, aquí les voy hablar del primer. Que lo usaremos en un rostro limpio e hidratado. A mí me gusta llamarle cimiento del maquillaje porque funciona como tal, preparando la piel para que todo quede perfecto, dejándola lisa y suave. El primer es la base, de la base.
  9. No tener buena iluminación: Para tu rutina diaria o para un evento especial si hay algo que va a marcar la diferencia en el maquillaje será la luz que tengas disponible. La luz natural es sin duda la mejor y en esto coincidimos todos los maquilladores. Pero la realidad es que no siempre el espejo del baño o de la coqueta nos queda frente a la ventana. Por lo que mi sugerencia es sustituir tus bombillas por una de color blanco neutro, no muy potente y preferiblemente con acabado opal. Evita la luz amarilla y utiliza más de un punto de luz (bombillas encendidas arriba, al frente y a los lados).
  10. No desmaquillarse: Cliché #1956… Mientras dormimos nuestro organismo entra en modo regenerativo, la piel aprovecha para dilatarse y respirar. Qué pasa si tratas de respirar bajo el agua? Lo mismo le pasa a nuestro rostro, el resultado: poros tapados o exageradamente grandes, líneas de expresión a destiempo, brotes, etc. Y créeme que TODAS pasamos por eso! La recomendación es tener unas toallitas húmedas en la cartera y en la mesita de noche. Si la llevas en la cartera tiene s chance de ir desmaquillándote de camino a casa y si las tienes en la mesita de noche, puedes hacerlo ya acostada.

Un beso,

Fha

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De Financista a Maquillista

IMG_6924Ya sabía que perder el sueño por varios días seguidos era o una MUY buena señal o una MUY mala señal. Mi cabeza no paraba! Conocía, como a las pecas de mis rostros (que son muchas), el binomio riesgo-rentabilidad. El primero me seducía (traviesa al fin!) y la rentabilidad… para alguien que creía haberlo perdido todo, poco importaba.

Para ese momento, dos amigas con las que tenía negocios menores, me sugirieron probar suerte con aquellas “habilidades” que ambas habían notado en mi, a lo que accedí sólo por mantenerme ocupada y no porque creyera que ese fuera a ser mi destino, imagínate tú… Fharas maquillando o peor aun depilando!

La formación que recibí fue básicamente ser organizada, disciplinada, fuerte y constante; que debía estudiar y hacerme de una profesión. Que debía casarme y formar un hogar; conseguir y mantener un trabajo digno que me ayudara a tener una vida “decente” y criar mis hijos. Todo en ese orden (ojala pudieran ver mi cara de burla mientras escribo, todavía no me lo creo). La educación profesional (en la universidad) estuvo orientada hacia la calidad y el servicio al cliente. Rápidamente mis profesores de grado notaron en mi ciertas fortalezas, y tuvieron gracias a Dios, el detalle de señalarme que tenía esas cualidades y que si las trabajaba podía escalar profesionalmente. Lo que entendí y aproveché sin problemas (quién diablos quiere ser promedio cuando puede ser sobresaliente). Siendo brutalmente sincera, donde yo llegaba y no había oportunidades las fabricaba, y a donde no podía fabricarlas no me quedaba. Así de agresiva fui en todos los empleos. Y claro está, esa actitud no era bien vista por mis colegas y en ocasiones abiertamente rechazada por mis superiores. Lo que a la verdad me valía mierda. Tuve muchos roces y malos entendidos con mis compañeros de trabajo, de lo que aprendí que ser buena es bueno y ser “la mejor” es malo.

Me eduqué y me re-eduqué. Me abrí paso profesionalmente, siendo madre soltera, ambiciosa y comprometida en una sociedad que te crucifica por ser una de las tres, yo era las tres. No puedo negar que recibí muy buenas oportunidades; logré hacerme una alta ejecutiva en un grupo empresarial de renombre y pasé a ser “Doña Fharas” (wtf!). Mi vida giraba en torno a reuniones de staff, compromisos sociales de trabajo y modelos financieros del tamaño del universo que debía memorizar y mantener en positivo. Tampoco era extraño recibir una llamada a deshoras con la pregunta “cómo está el ROI?

De pronto una mañana abrí los ojos y estaba en casa. Con pareja, con hijos, con una mascota y SIN trabajo. Una profesional como yo! Y mi único pensamiento, ante las escasas probabilidades de reinserción laboral en aquella situación (había perdido el trabajo y quedado embarazada casi al otro día), era que bajo ninguna circunstancia ese iba a ser el final. En varias ocasiones me ofrecieron trabajo, algunos los acepté, pero la vida insistía en devolverme a “calor del hogar”, que para mí era más bien una especie de hoguera infernal que me quemaba despiadadamente.

Aprendí a valorar el tiempo de la familia, aprendí a amar el tiempo para mí. Puse en práctica cosas que sabía muy bien hacer pero que odiaba, como cocinar y pertenecer a club de padres del colegio de mis hijos y hasta eso empecé a valorar. Y mientras esto pasaba, mi verdadero yo envuelto en un impetuoso aire de “emprendedora” secuestraba una habitación en mi apartamento y lo convertía en un conato  de estudio de depilación y maquillaje. Como buena financista recorté gastos y los invertí en “el proyecto”. Anoté todo en varias libretas de papel, abrí redes sociales, volví a la escuela esta vez para educarme en el área, contacté personas importantes de la industria y de buenas a primeras estaba otra vez abriéndome paso, fabricando oportunidades y dónde no podía fabricarlas usé la creatividad (que tampoco sabía que tenía), puse todo el empeño y amor en el nuevo reto y triunfé. Quiero que sepan que en este proceso el apoyo de mis familiares y amigos fue prácticamente NINGUNO (sacando a mi suegra y a mi amiga Pamela). Nadie de mis allegados venía por mis servicios, si lo hacían querían que fuera gratis! A penas me recomendaban… Algo que me parecía insólito, pero igual no me detuvo. Demasiado ambiciosa para distraerme. El  enfoque es clave para un emprendedor. Hoy puedo decir que mi clientela y seguidores son 100% orgánicos, gracias sólo a Fharas!

A poco más de tres años de haberme lanzado en la industria de la belleza y sin traumas, he logrado mantener 41 clientes fijos (de los cuáles el 30% son extranjeros), un promedio de 5.3 nuevos clientes por mes y una reputación de excelencia y calidad en los servicios provistos de un 86%. Créanme, estos números son excelentes! Para haber empezado desde cero y sobrevivido al intento, esto me basta para NO detenerme y seguir (la ambición no tiene límites!) Y sé que en el juego de la vida la apuesta siempre es a mi. Apuetas?

Besos,

Fha