Aló amiga… quiero tatuarme los ojos

No era extraño que luciera un tanto overdress en mis tiempos de ejecutiva. Siempre he pensado que el éxito profesional está asociado a la imagen y lo que ésta transmite. Ese día lucía impecable! Llevaba puesto un traje clásico de chaqueta y falda color rojo annato, marca Tahari. Zapatos Nine West, cerrados, negros y de tacón alto. No acostumbraba a maquillarme (no porque no supiera cómo, más bien por falta de “tiempo”), por lo que acostumbraba a llevar el pelo bien arreglado, con corte recto, suelto a los hombros, liso de color castaño claro. Esto ayudaba (o al menos eso pensaba) a disimular la palidez de mi rostro redondo y sin maquillar, de facciones turcas, adornado de forma natural por una constelación de pecas. Mantener un estilo conservador en mis atuendos laborales me llevó a ser tomada en cuenta y en serio. Sin duda el buen vestir fue uno de los mejores ejemplos de mis padres. En ese momento con 28 años, ocupaba la gerencia de planificación y presupuesto en una empresa de tecnología.

walking

Laptop y celular en mano iba cual gallina glamurosa al matadero, la reunión semanal de rendimiento entre directores o “staff meeting”. A pesar de no ser directora era respetada y escuchada como tal. Lo que nunca entendí es por qué generaba tanta tensión reunirnos a ver lo que ya sabíamos.

Mientras caminaba hacia el salón de reuniones podía escuchar detrás de mí como la furia personificada trataba de alcanzarme con pasos largos y firmes. Una vez delante de mi cual muralla improvisada, mi jefe me detuvo y con tono bajo pero temerario, como el reproche de un papá histérico delante de la muchedumbre, me preguntó; “a dónde tú crees que vas?” Con mi cara perpleja y sin dejar de pestañar, solo puede articular un ridículo “ehh?” que sirvió como pie de amigo para lo que sería una de las frases más humillante que he recibido en mi vida profesional: “Tú no vas a entrar así, con esa cara pelá’!” (refiriéndose a mi rostro sin maquillar) y como si eso no hubiera sido suficiente gritó: “alguien que le preste algo para la cara y que se PINTE…” Me devolví, me medio maquillé y entré a la reunión. Esa tarde llamé a mi amigaPatricia y resolví hacerme el delineado permanente o tatuaje de ojos.

Honestamente ese desafortunado episodio no movió ningún sentimiento o acción en mí que no fuera el de tatuarme. Más bien hasta lo agradezco! Simplemente una situación que en aquel momento me llevó a lucir más bella y sin trauma (sonrisa sarcástica). Sí les aseguro que de pasarme esto hoy, la historia fuera otra… Es increíble cómo se encuentra una en situaciones de abuso sin siquiera darnos cuenta. Y lo peor es que cosas así pasan a diario.

image1 (1)Para que no te vayas a asustar el tatuaje fue rápido y no sufrí en lo absoluto. El caballero que nos recibió nos esperó con una botella de vino (único tatuador que ha tenido ese gesto), “para que se relajen” según él. Recibí una anestesía local que me ayudó a pasar por la experiencia, sin traumas. Y no, no era mi primer tatuaje, lo que quiere decir que ya estaba familiarizada con ese dolor. Aquí les dejo unas fotitos para que tengan una idea del proceso (la resolución no es muy buena porque hace años de esto).

Tienes alguna anécdota como esta que quieras compartir? Me encantaría leerte!

Besos,

Fha

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